El tao de la vida

On 1 febrero, 2012 by raul

I-Ching

Hoy quiero hablaros de un asunto realmente interesante. Se trata de la sorprendente relación que parece existir entre el clásico libro chino I Ching o Libro de las Mutaciones, cuyos primeros textos están datados en el 1200 a.C., y el código genético contenido en la macromolécula del Ácido Desoxirribonucleico (ADN), cuya estructura y componentes fueron realmente identificados a mitad del siglo pasado (s.XX). La enorme distancia histórica que separa a estos dos pilares de conocimiento magnifica el hecho de que ambos conceptos puedan ser comparados con resultados tan asombrosos.

El término i ching significa libro de las mutaciones. Tras sus inicios en el 1200 a.C. el texto inicial fue completado durante la dinastía Chou y, posteriormente, por comentaristas de la escuela de Confucio, pero su contenido original es de procedencia taoísta, y no confucionista. Nos encontramos por tanto ante un libro escrito por numerosas personas de distintas épocas, con una gran trascendencia en la cultura oriental. La filosofía del I Ching supone un universo regido por el principio del cambio y la relación dialéctica entre los opuestos. Nunca presenta una situación en la que no esté incluido el principio contrario al rector del signo, que conducirá a un nuevo estado. Los cambios se suceden de manera cíclica, como las estaciones del año, lo cual muestra claramente el concepto taoísta del yin / yang. Los diferentes estados cambiantes en los que puede encontrarse el ser vivo se describen mediante 64 hexagramas, compuestos a su vez por la combinación de 8 trigramas. Se nos enseña así sobre el camino del cambio, es decir, sobre el sendero de la vida misma.

Uno de los mayores especialistas occidentales en el I Ching fue el misionero y sinólogo alemán Richard Wilhelm, quien publicó una versión del libro en 1923. Una nueva versión, publicada en 1948, llevaba un prólogo del psiquiatra suizo Carl Jung, autor de la teoría del inconsciente colectivo. La versión de Wilhelm presenta el libro en tres grandes secciones, con los textos más antiguos en la primera y reservando la segunda y la tercera para Las diez alas o comentarios de la escuela confuciana.

Hablaré ahora sobre el otro código de la vida, el ADN. En un gen de ADN, la secuencia de nucleótidos a lo largo de una hebra de ADN se transcribe a un ARN mensajero (ARNm) y esta secuencia a su vez se traduce a una proteína que un organismo es capaz de sintetizar o “expresar” en uno o varios momentos de su vida, usando la información de dicha secuencia.

La relación entre la secuencia de nucleótidos y la secuencia de aminoácidos de la proteína viene determinada por el código genético, que se utiliza durante el proceso de traducción o síntesis de proteínas. La unidad codificadora del código genético es un grupo de tres nucleótidos (codón o triplete, concepto semejante al trigrama del I Ching), representado por las tres letras iniciales de las bases nitrogenadas (por ej., ACT, CAG, TTT). Existen 64 tipos de codones posibles al igual que los 64 hexagramas del libro de las mutaciones, por lo cual corresponde más de uno para cada aminoácido (por esta duplicidad de codones se dice que el código genético es un código degenerado: no es unívoco); algunos codones indican la terminación de la síntesis, el fin de la secuencia codificante; estos codones de terminación o codones de parada son UAA, UGA y UAG.

Varios milenios han transcurrido desde los orígenes del I Ching y diferentes estudios encuentran impresionantes relaciones entre la estructura y dinámica del mencionado libro y otros sistemas que han marcado un hito en la historia de la humanidad. La correspondencia exacta con el sistema binario de Leibnitz ya ha sido suficientemente documentada e ilustrada y las correlaciones con el Código Genético o ADN empiezan a asombrar al mundo, por las consecuencias que ello podría tener en los campos de la biología, psicología, antropología y sociología, entre otras disciplinas. Entre los principales estudios llevados a cabo hasta ahora resaltaría los siguientes:

  1. El matemático alemán G. W. Leibnitz (1646 – 1716), en su libro Two Letters on the Binary Number System and Chinese Philosophy (1703), no deja de expresar su asombro por la perfecta correlación existente entre su Sistema Numérico Binario y el I Ching.
  1. En 1969, el biólogo alemán, Gunther S. Stent publicó en los Estados Unidos el libro The Coming of the Golden Age (La llegada de la Era Dorada), en el cual da cuenta sobre el resultado de sus investigaciones en relación con la congruencia observada entre el I Ching y el ADN.
  2. En 1973, el bioquímico alemán Martin Schönberger hizo lo propio en su libro The I Ching & the Genetic Code: The Hidden Key to Life (El I Ching y los misterios de la vida: Las claves ocultas de la vida). La Editora Pensamento lo publicó en portugués como I Ching e os Misterios da vida.
  1. En 1977, el Dr. Frank Fiedeler, Ph. D., autor del epílogo del libro de M. Shönberger, publicó el libro Die Wende (The Turn, El Cambio), en donde hace un abordaje antropológico de las relaciones del I Ching con el Código Genético.
  2. En 1991, el fisiólogo Johnson Faa Yan dio a conocer también sus investigaciones en su libro DNA and the I Ching: the Tao of live ( DNA y el I Ching: El Tao de la vida); la Editora Madras lo puso a disposición del público de habla portuguesa bajo el título DNA e o I Ching: O Tao da vida.
  3. Katya Walter, matemática norteamericana, revela nuevas correlaciones entre el I Ching y el ADN, en su libro Tao of Chaos: merging East and West, Element Books, 1996 (Tao del Caos: la fusión de Oriente y Occidente), publicado inicialmente en alemán en 1994.

Visto lo expuesto anteriormente nos encontramos ante un hallazgo muy importante para seguir descifrando las maravillas de la Naturaleza. Lo más sorprendente de todas estas similitudes es el desconocimiento previo de los grandes maestros chinos sobre la molécula del ADN, y como, a pesar de ello, lograron plantear un acertado código de los cambios vitales descifrando brillantemente las mutaciones que observaban en los procesos naturales de su hábitat.

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