Radicales libres

On 21 febrero, 2012 by raul

 

En los últimos años son numerosos los investigadores que afirman que detrás de todos los procesos que tienen que ver con el envejecimiento, las patologías de origen vírico -incluido el desarrollo vírico del cáncer-, la manifestación de los procesos degenerativos (afecciones cardiovasculares, ictus, aterosclerosis, hipertensión, esclerosis múltiple, Alzheimer, Parkinson, cataratas, retinitis pigmentosa, artritis…) y alteraciones fisiológicas como la osteoporosis o la diabetes están… los radicales libres.

¿Y qué son los radicales libres? Pues se trata de moléculas que contienen uno o más electrones desapareados, se forman en el intermedio de reacciones químicas a partir de la ruptura homolítica de una molécula y, en general, son extremadamente inestables y, por tanto, con gran poder reactivo y de vida media muy corta (milisegundos). Pueden dañar algunas células al oxidarlas alterando el equilibrio de los ácidos grasos poliinsaturados de las membranas celulares, las proteínas y su ADN (especialmente el de la mitocondria pues ésta carece de histonas y poliaminas que puedan protegerlo y su capacidad de reparación es mínima en relación con el ADN nuclear).

Es decir, cuando un radical libre “roba” o “cede” un electrón a un átomo de una molécula para conseguir su propia estabilidad provoca que “su víctima” se desestabilice y se convierta en un nuevo radical libre que actuará de manera similar; y así sucesivamente produciendo reacciones en “efecto cascada” o “dominó”. Reacción que continuará mientras no sea controlada con antioxidantes.

En otras palabras, los neutralizadores de los radicales libres son los llamados antioxidantes. Y los hay de muy distintos tipos por lo que, según sus mecanismos de acción, unas veces actúan impidiendo una excesiva formación de radicales libres, algunas neutralizando ciertos metales que se sabe son iniciadores de procesos oxidativos y otras neutralizando los compuestos de oxígeno reactivo ya formados -lo que detiene el efecto dominó de la cadena reactiva iniciada por los radicales libres-. Y si unas veces logran contrarrestar con su presencia la acción de los radicales libres en otras incluso permiten revertir parte de los daños ya ocasionados con la regeneración parcial de las lesiones orgánicas. Es decir, que el tipo de antioxidante que debe utilizarse está en función del problema o enfermedad que quiera tratarse.

¿Y qué provoca su exceso? Pues las causas son variadas pero se sabe que una de las principales está en que cuando el cuerpo se moviliza para destruir los virus y bacterias invasoras en los casos de infecciones genera en el proceso una gran cantidad de radicales libres y éstos atacan a las células sanas oxidando grasas, perforando membranas y alterando el código genético hasta que esas células dejan de funcionar; algunas, incluso mueren.

También absorbemos radicales libres que se generan en el exterior; por ejemplo, con el tabaco, la contaminación y los rayos solares. Y, por supuesto, con la alimentación, muy especialmente a través de los alimentos fritos.

Próximamente os hablaré de algunos antioxidantes potentes que podemos usar, en determinados momentos, para contrarrestar todos los efectos negativos de los radicales libres anteriormente mencionados.

Un saludo y salud integral para todos!

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